Más ahora que antes de su firma, se intensificarán las críticas sobre el TLC USA/Colombia. Se alzarán, una vez más, voces señalando que de su entrada en vigencia se seguirán para Colombia multitud de males, fundamentalmente el estancamiento de la economía y el recrudecimiento de la pobreza; se reconocerá también que habrá ganadores, pero se dirá que ellos serán, como de costumbre, los ricos. Con el fin de aportar elementos de juicio para este debate, el BID ha patrocinado un reporte sobre los posibles impactos del TLC para nuestro país, que fue encomendado a  Xavier Sala i Martín, distinguido profesor de la Universidad de Columbia. Resumiré algunos de sus conclusiones. 

“Durante las tres últimas décadas, el mundo ha visto las tasas de pobreza caer alrededor de 2/3 y fortalecerse el crecimiento económico, mientras los indicadores de inequidad se reducían, quizás por primera vez en la historia.  Al mismo tiempo, se ha presentado un incremento de más del 60% en el comercio internacional”. Las cifras que el estudio  aporta demuestran que existe una fuerte relación causal entre estos fenómenos: el comercio exterior ciertamente estimula el crecimiento y éste, a su vez, reduce la pobreza.

Tanto o más interesante que esta constatación es la reseña de los diversos canales que intervienen en este resultado. Sala menciona los siguientes: 1) Especialización del aparato productivo de acuerdo con las ventajas comparativas que la competencia internacional hace visibles. 2) Mejoras en la rentabilidad de las empresas como efecto de mayores economías de escala, o de la capacidad de apropiarse con celeridad de nuevos conocimientos tecnológicos o gerenciales. 3) Incremento de la competitividad de sectores y cadenas productivas como efecto de una mayor competencia. 4) Mayor disponibilidad  de financiamiento generada por flujos crecientes de inversión. 5) Modernización de las instituciones, las políticas y el proceso político que resulta de la necesidad de moverse en un ambiente de mayor relación con el mundo exterior.

Interesante advertir que todos estos elementos son de carácter dinámico y no pueden ser recogidos en simulaciones de los impactos sobre la actual configuración del aparato productivo. Por el contrario, las ganancias, y, por supuesto, los costos, están asociados a una transformación estructural de la producción que no puede ser modelada con herramientas econométricas.

Porque costos hay, como el profesor Sala i Martín lo señala: grados mayores de integración económica con el mundo son, sin duda, buenos para la sociedad en su conjunto, pero no necesariamente para la totalidad de la población. “Esta no es una buena razón para abstenerse de realizar las reformas, detener el proceso de progresiva apertura al exterior o evitar el progreso tecnológico”. Se requiere, sin embargo, la puesta en marcha de mecanismos que compensen pérdidas de corto plazo y faciliten la transición. Tal es el propósito del “Programa Agro Ingreso Seguro” y el hilo conductor del Plan Nacional de Desarrollo.

De otro lado, como buena parte de los beneficios potenciales deben originarse de la afluencia masiva de nueva inversión nacional y extranjera, preciso es ocuparse de que las reglas de juego sean claras, estables y competitivas frente a terceros países con los que competimos como destino de la inversión. Progresos se han realizado en este campo, pero falta mucho trecho por recorrer. Y en último término, hay que trabajar duro en la integración de las distintas regiones a fin de que exista una distribución equitativa de beneficios. En un país tan fragmentado por factores geográficos como Colombia, el reto es colosal en materia de infraestructura.   Para atender este  justificado clamor es preciso usar intensamente la figura de la concesión; es la única manera de avanzar sin que las restricciones fiscales nos detengan.