Es inevitable la politización del debate sobre el TLC por coincidir el cierre de la negociación con el periodo electoral. Es también conveniente; las decisiones que el Congreso habrá de tomar, ratificando o no los acuerdos alcanzados por el Gobierno, tendrán repercusiones profundas a lo largo de muchos años. Estamos dispuestos a afrontarlos anhelando que se planteen con altura intelectual.

Una excelente aproximación al debate la vimos la semana pasada en el foro sobre el TLC organizado por el Consejo Gremial y la Fundación Buen Gobierno. Allí se realizó un panel en el que participaron connotados economistas que abarcaron un amplio espectro de temas: el contraste entre epistemología y empirismo; la teoría y la realidad del libre comercio; la supuesta irrelevancia del TLC; la utilidad de los modelos de equilibrio general para la adopción de medidas de política económica. Se escucharon también argumentos extremistas, más derivados de un sesgo ideológico, que de un examen racional del acuerdo.

Esto último podría atribuirse al panelista que planteó la tesis de que el TLC tiene costos ciertos y beneficios potenciales. Para sustentarlo señaló que el aumento del déficit en cuenta corriente es un costo cierto del TLC porque todos los modelos así lo proyectan; a renglón seguido, consideró la mejora del bienestar como un débil beneficio potencial, sin tener en consideración que los mismos modelos que le permitieron sustentar el “costo cierto” muestran incrementos en el bienestar de los consumidores.

Parte del debate se concentró en cuestionar la política de apoyos al agro anunciada por el Gobierno. Se afirmó que se han debido diseñar hace dos años porque el problema se anticipaba desde hace rato; que son un ejemplo de mal diseño de política económica porque usan los impuestos de los contribuyentes para sostener a unos productores ineficientes y niegan a los consumidores el beneficio de menores precios; y, finalmente, porque son una fuente potencial de corrupción.

Cabe recordar que algunos columnistas criticaron al Gobierno en los días previos al fin de la negociación cuando anunció posibles ayudas, porque presuntamente debilitó la posición del equipo negociador y fortaleció a la contraparte. ¿Cuál hubiera sido la opinión si se anuncian desde su  inicio?.

Con relación a la calidad del diseño de la política es preciso repetir que la política no ha sido concebida para subsidiar a los ineficientes. Los panelistas olvidaron la existencia de las ayudas internas en otros países y la distorsión que ellas generan en los precios de los productos básicos en los mercados internacionales. Es justamente de esa distorsión que se busca proteger a los productores del agro; esa protección se justifica para la producción eficiente mientras en el seno de la OMC se adoptan compromisos para la eliminación de las ayudas internas que distorsionan el comercio. Salvo en algunos pocos casos en los que se ha decidido otorgar protección a productos sensibles, el consumidor reportará los beneficios de una mayor competencia.

La posibilidad de corrupción en la asignación de recursos focalizados en ciertos agentes es un riesgo inherente a muchas políticas; desde luego, al diseñarlas hay que tenerlo en cuenta. Para este fin se han examinado las experiencias de México y Turquía, que funcionan bien después de que fueron corregidos algunos problemas iniciales de implementación; y la propia del manejo, generalmente reputado como transparente y progresivo, del Fondo Nacional del Café.

Los textos preliminares del acuerdo estarán a disposición de todos los ciudadanos en los próximos días. Ello ayudará a que los debates tengan mucha mayor sustancia.