China ha crecido a una tasa media superior al 9% anual durante más de 20 años, un desempeño que no tiene antecedentes desde que se cuenta con mediciones adecuadas del ejercicio económico de los países. Ese espectacular resultado se debe a su inserción exitosa en la economía mundial: la suma de sus exportaciones e importaciones de bienes y servicios como proporción del PIB es del 75%; tres veces más, en promedio, que los Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea o la India.  Al integrarse a la economía mundial, China genera un incremento gigantesco en la oferta laboral que, combinada con el aporte realizado por Rusia y la India, se traduce en la duplicación acelerada de la mano de obra disponible. Como, además, en términos relativos, aporta poco capital, no es extraño que la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso en muchos países haya caído sustancialmente en beneficio de los tenedores del capital, y que los salarios reales en el resto del mundo crezcan a tasas por debajo de las que fueron usuales durante el periodo de post- guerra. En los Estados Unidos, por ejemplo, la remuneración del capital fue el año pasado la más alta desde 1980. Ironías del destino: estos adversos resultados derivan del impacto que produce un país, que si bien en sus relaciones con el exterior practica el capitalismo, sigue gobernado por un partido comunista  cuyo propósito es la redención del proletariado.      

La gigantesca oferta china de bienes de consumo, incluidos productos de alta tecnología y manufacturas livianas como las que Colombia produce y exporta, ha deprimido los precios, sin duda en beneficio de los consumidores pero creando una amenaza gravísima sobre la estabilidad de los sectores productivos de muchos países. En el sector de los textiles y el vestuario el impacto es aún más dramático como consecuencia del fin, al cierre del año pasado, del sistema de restricciones cuantitativas contenido en el Acuerdo Multifibras. Se calcula que en breve lapso China tendría la mitad del mercado global. Lo que ha ocurrido en meses recientes es clara señal de que el pronóstico está en vías de cumplirse. La otra cara de la moneda consiste en que la sustentación de su frenético dinamismo China demanda enormes cantidades de energía y materias primas, tanto agrícolas como minerales. Por eso estamos en un ciclo prolongado de precios altos del petróleo y el cobre, lo cual genera altos beneficios a Venezuela y Chile, por ejemplo.

El efecto conjunto de los impactos que  China produce en los precios mundiales  -depresión en los bienes de consumo; incremento en los de materias primas- es hacia la baja, lo cual explica que las tasas de inflación sean moderadas en casi todas partes, y que también lo sean las tasas interés, todo lo cual ayuda a que exista suficiente liquidez para respaldar las tasas actuales de crecimiento de la economía mundial.

No sería buena estrategia para Colombia la que utiliza el avestruz: hundir la cabeza en la tierra para no ver lo que ocurre a su alrededor, o, lo que es lo mismo, creer que nuestro problema deriva, exclusivamente, del contrabando y el lavado de dinero. De cara a las realidades que el protagonismo mundial de China representa, es importante persistir en los esfuerzos en pro de la ampliación de las reservas petroleras lo cual, en última instancia, proviene del azar. Pero también es menester reducir los riesgos de que se nos desplace de un mercado tan importante como el de los Estados Unidos. Desde esta óptica lograr un buen TLC resulta crucial. Digo yo.