¿Qué hace competitivo un producto en el mercado internacional? ¡Uff!... larga respuesta. Habría que empezar por dividir sus determinantes microeconómicos, macroeconómicos  y de infraestructura física. En el orden micro están aquellos que determinan la productividad de los factores tales como la tecnología –el capital- el capital humano, el capital físico por trabajador, y otros como la innovación, la diferenciación de los productos,  el manejo empresarial, etc. En el ámbito macroeconómico están: la tasa de cambio, el costo de uso del capital (tasas de interés, impuestos), acceso al financiamiento y los aranceles, entre otros. Son factores institucionales: seguridad, estabilidad jurídica, respeto y aplicación de la ley -en otras palabras los determinantes de los costos de transacción- la promoción de la competencia, la legislación laboral, el desarrollo del mercado de capitales y del sistema financiero, el acceso a los mercados externos. Pesa mucho también la infraestructura física: puertos, carreteras, energía.

 Así los empresarios  desempeñen un papel determinante en su propio éxito, al Gobierno corresponde buena parte de la tarea de aumentar la competitividad de la producción doméstica. En esto hay consenso. El asunto contencioso consiste en definir si Colombia debe esperar a poner todos los factores relevantes en orden antes de emprender su inserción con el exterior. La respuesta está a la vista: el mundo se mueve hacia el libre comercio sin pausa. Ningún país, desarrollado o no, desea quedar por fuera de los bloques comerciales en formación.

Hay que advertir, de otro lado, que  los elevados costos actuales del transporte constituyen una barrera a las exportaciones pero también a las importaciones. Así que paradójicamente, la escasez de infraestructura de transporte termina protegiendo la producción del interior del país. 

La celebración de tratados de libre comercio es un factor que promueve la competitividad internacional de la producción doméstica al otorgar condiciones preferenciales de acceso. Abstenerse de celebrar este tipo de acuerdos, por que elementos que inciden en la competitividad no están en orden, lo único que logra es agravar el problema. Más aún: abrir mercados de exportación y dinamizar el comercio internacional puede generar la rentabilidad económica necesaria para que se emprendan proyectos de infraestructura. La inversión viene después de la demanda, no antes: primero fue el café que las carreteras de los puertos a la región andina. Por otro lado, el incremento del comercio convertirá a las regiones costeras en ganadoras en esta nueva fase de internacionalización.

El Gobierno es conciente de la importancia de la infraestructura física, y por esto ha desarrollado una visión prospectiva contenida en la propuesta Colombia 2019 liderada por el Departamento Nacional de Planeación y en el Plan 2500 del Ministerio de Transporte. Habrá reparos sobre las propuestas, pero se está trabajando en ese campo, como se está haciendo en los demás frentes que inciden en la competitividad: es unánime el reconocimiento de los avances en seguridad, las tasas de interés están en mínimos históricos, se está defendiendo la tasa de cambio, se sacó adelante las leyes de Estabilidad Jurídica y del Mercado de Valores, se flexibilizó el régimen laboral, se tiene una agenda de negociaciones comerciales y el micro crédito crece a tasas superiores a 40%.  Sí, falta mucho por hacer, pero si no es ahora ¿entonces cuándo?